SERIE de PORCELANA
Este proyecto fue desarrollado también en el seno del intercambio académico en Alemania en el curso 2009-10.
El objetivo del curso era el diseño y la fabricación de un recipiente para postre hecho de porcelana.
En este caso, traté de explorar la vinculación que ha establecido nuestra especie de forma ancestral entre su alimento y la elección de un material cercano (la hoja de un árbol, un trozo de madera, un trozo de metal…etc).
Me basé en esa forma natural que casi hemos perdido de comer en una hoja, con la poesía que encierra este gesto y traté de desarrollar una serie de tres piezas que dieran una respuesta más abierta al ejercicio, para que se entendieran como un desarrollo natural y pudieran utilizarse para tres postres distintos.
Una vez más, el trabajo se inició con el desarrollo de algunos prototipos de plastilina, hasta dar con la forma que más me interesaba.
Llegué a la conclusión de que debía explotar las posibilidades que me ofrecía el material, tratando de resaltar su vinculación con la mano, buscando formas orgánicas y trazando los límites de la pieza huyendo de una geometría cartesiana.
El proceso de fabricación, una vez definida la forma precisa en un prototipo de escayola hecho a escala, realicé un molde como indica la figura, a base de “muros” de arcilla. Una vez finalizado este molde de escayola, vertí la porcelana y esperé a que la humedad fuera absorbida por el molde de escayola.
Pasados unos minutos, se podía observar como en la superficie de contacto con la escayola se había adherido la forma deseada de la pieza.
Cuando el espesor era el idóneo, vertí el líquido de porcelana sobrante y saqué la pieza en bruto de porcelana. Posteriormente se horneó a una temperatura aproximada de 900 grados.
Trabajar con este material una vez horneado es una experiencia que recomiendo a todo aquel que disfrute trabajando con las manos. Lijar y palpar este primer material porcelánico de un blanco níveo es una experiencia maravillosa. Al ser un material poroso, hay que revestirlo de un esmalte y hornearlo por segunda vez a 1200 grados.
El resultado es un material frágil, pero, bajo mi punto de vista, de una belleza poética sin comparación.
SERIE PORCELANA
Este proyecto fue desarrollado también en el seno del intercambio académico en Alemania en el curso 2009-10.
El objetivo del curso era el diseño y la fabricación de un recipiente para postre hecho de porcelana.
En este caso, traté de explorar la vinculación que ha establecido nuestra especie de forma ancestral entre su alimento y la elección de un material cercano (la hoja de un árbol, un trozo de madera, un trozo de metal…etc).
Me basé en esa forma natural que casi hemos perdido de comer en una hoja, con la poesía que encierra este gesto y traté de desarrollar una serie de tres piezas que dieran una respuesta más abierta al ejercicio, para que se entendieran como un desarrollo natural y pudieran utilizarse para tres postres distintos.
Una vez más, el trabajo se inició con el desarrollo de algunos prototipos de plastilina, hasta dar con la forma que más me interesaba.
Llegué a la conclusión de que debía explotar las posibilidades que me ofrecía el material, tratando de resaltar su vinculación con la mano, buscando formas orgánicas y trazando los límites de la pieza huyendo de una geometría cartesiana.
El proceso de fabricación, una vez definida la forma precisa en un prototipo de escayola hecho a escala, realicé un molde como indica la figura, a base de “muros” de arcilla. Una vez finalizado este molde de escayola, vertí la porcelana y esperé a que la humedad fuera absorbida por el molde de escayola.
Pasados unos minutos, se podía observar como en la superficie de contacto con la escayola se había adherido la forma deseada de la pieza.
En este caso, traté de explorar la vinculación que ha establecido nuestra especie de forma ancestral entre su alimento y la elección de un material cercano (la hoja de un árbol, un trozo de madera, un trozo de metal…etc).
Me basé en esa forma natural que casi hemos perdido de comer en una hoja, con la poesía que encierra este gesto y traté de desarrollar una serie de tres piezas que dieran una respuesta más abierta al ejercicio, para que se entendieran como un desarrollo natural y pudieran utilizarse para tres postres distintos.
Cuando el espesor era el idóneo, vertí el líquido de porcelana sobrante y saqué la pieza en bruto de porcelana. Posteriormente se horneó a una temperatura aproximada de 900 grados.
Trabajar con este material una vez horneado es una experiencia que recomiendo a todo aquel que disfrute trabajando con las manos. Lijar y palpar este primer material porcelánico de un blanco níveo es una experiencia maravillosa. Al ser un material poroso, hay que revestirlo de un esmalte y hornearlo por segunda vez a 1200 grados.
El resultado es un material frágil, pero, bajo mi punto de vista, de una belleza poética sin comparación.