LINOLEO CADÍ
En el año 2017 recibí uno de los encargos más especiales que pudiera imaginar.
Amparo Sanmartín, me propuso dibujar un paisaje situado en el pirineo leridano.
Se trataba de la sierra del Cadí, un macizo montañoso que había visto crecer a sus cuatro hijos durante cada verano de los últimos 40 años.
El verano siguiente iba a ser el primero que no iban a poder reunirse allí todos, y quería tener un recuerdo especial.
Ese mismo verano viajé allí y me dispuse a realizar algunas acuarelas sentado frente a la majestuosa montaña, sin conseguir el resultado esperado.
El color cambiante y mi situación personal me impedían trabajar con claridad.
Así estuve durante semanas.
Preocupado, hablé con la clienta y me dijo que no tuviera prisa, que me tomara el tiempo que fuera necesario hasta sentirme pleno, dispuesto, inspirado.
Tres años opositando sin poder viajar al lugar impidieron que avanzara con el encargo.
Durante el confinamiento del 2020 sentí que estaba preparado.
La primera decisión que tomé fue la de descartar la acuarela. Se me ocurrió que al trabajar a distancia (sin necesidad de tener el paisaje frente a mis ojos) podría tratar el encargo de una forma más simbólica, más abstracta, sin perder de vista la imagen del Cadí.
Recuperé unas piezas de linóleo que tenía almacenadas de 22×16 cm cada una y pensé que sería buena idea trabajar con este material.
Cogí una foto, la calqué en un papel de poco grosor y volví a calcarla al revés para tener la imagen invertida, ya que al tratarse de una técnica de impresión, la imagen queda al revés.
Con un papel de calco transferí la imagen a las tres piezas de linóleo de igual dimensión y con la gubia vacié las partes en sombra de la montaña.
Una vez terminada esta parte busqué un lugar donde tuvieran un tórculo para poder imprimir la pieza.
Hablé con la clienta y le expliqué el sistema. Le mostré el resultado y me dijo que quizás sería interesante hacer varias copias, una para cada uno de sus 4 hijos, ya que la técnica lo permitía.
Me pareció una idea excelente.
Se nos ocurrió que cada hijo podría tener asignado un color, acorde a su forma de ser, un color que sumado a los restantes, pudieran dar como resultado la imagen del Cadí, con el azul del cielo, el verde de las praderas, el gris-plateado de sus cumbres y el ocre de sus llanuras, y todos ellos podrían conformar un collage que estaría situado en la casa donde toda la familia creció durante todos estos años.
La última de las decisiones que tomé surgió al darme cuenta que tres de los cuatro hijos viven en ciudades distintas, dos de ellos en Valencia, una en Barcelona y otra en Dallas.
Separando una pequeña distancia las tres planchas de linóleo, se podría sugerir la idea de separación física en tres ciudades distintas de los miembros de la família de la clienta, unidos por el recuerdo de aquella montaña majestuosa y serena llamada sierra del Cadí.
LINOLEO CADÍ
En el año 2017 recibí uno de los encargos más especiales que uno pudiera imaginar.
Amparo Sanmartín, me propuso dibujar un paisaje situado en el pirineo leridano.
Se trataba de la sierra del Cadí, un macizo montañoso que había visto crecer a sus cuatro hijos durante cada verano de los últimos 40 años.
El verano siguiente iba a ser el primero que no iban a poder reunirse allí todos, y quería tener un recuerdo especial.
Ese mismo verano viajé allí y me dispuse a realizar algunas acuarelas sentado frente a la majestuosa montaña, sin conseguir el resultado esperado.
El color cambiante y mi situación personal me impedían trabajar con claridad.
Así estuve durante semanas.
Preocupado, hablé con la clienta y me dijo que no tuviera prisa, que me tomara el tiempo que fuera necesario hasta sentirme pleno, dispuesto, inspirado.
Tres años opositando sin poder viajar al lugar impidieron que avanzara con el encargo.
Durante el confinamiento del 2020 sentí que estaba preparado.
La primera decisión que tomé fue la de descartar la acuarela. Se me ocurrió que al trabajar a distancia (sin necesidad de tener el paisaje frente a mis ojos) podría tratar el encargo de una forma más simbólica, más abstracta, sin perder de vista la imagen del Cadí.
Recuperé unas piezas de linóleo que tenía almacenadas de 22×16 cm cada una y pensé que sería buena idea trabajar con este material.
Cogí una foto, la calqué en un papel de poco grosor y volví a calcarla al revés para tener la imagen invertida, ya que al tratarse de una técnica de impresión, la imagen queda al revés.
Con un papel de calco transferí la imagen a las tres piezas de linóleo de igual dimensión y con la gubia vacié las partes en sombra de la montaña.
Una vez terminada esta parte busqué un lugar donde tuvieran un tórculo para poder imprimir la pieza.
Hablé con la clienta y le expliqué el sistema. Le mostré el resultado y me dijo que quizás sería interesante hacer varias copias, una para cada uno de sus 4 hijos, ya que la técnica lo permitía.
Me pareció una idea excelente.
Se nos ocurrió que cada hijo podría tener asignado un color, acorde a su forma de ser, un color que sumado a los restantes, pudieran dar como resultado la imagen del Cadí, con el azul del cielo, el verde de las praderas, el gris-plateado de sus cumbres y el ocre de sus llanuras, y todos ellos podrían conformar un collage que estaría situado en la casa donde toda la familia creció durante todos estos años.
La última de las decisiones que tomé surgió al darme cuenta que tres de los cuatro hijos viven en ciudades distintas, dos de ellos en Valencia, una en Barcelona y otra en Dallas.
Separando una pequeña distancia las tres planchas de linóleo, se podría sugerir la idea de separación física en tres ciudades distintas de los miembros de la família de la clienta, unidos por el recuerdo de aquella montaña majestuosa y serena llamada sierra del Cadí.