URNA ZURMAN
Hace algunos años y gracias en parte a ciertas lecturas de filosofía budista, empecé a considerar seriamente la idea de que me iba a morir.
Todos y todas sin excepción, estamos destinados irremediablemente a ese cambio de estado físico.
Pese a la incógnita del momento exacto, sentí la necesidad de tener dicha idea presente en el día a día, con la esperanza y la certidumbre de que la vida cobraría un sentido quizás más profundo, más consciente, más duradero.
Prepararse para dicho evento de manera activa, sin consideraciones alejadas de ella y sin lamentaciones, me parecía de gran importancia para valorar nuestro tiempo vital de manera continuada y en su justa medida.
Diseñar el lugar donde pudieran descansar mis restos y el de mis seres más queridos parecía parte del proceso lógico de proceder.
Por higiene, por durabilidad y por falta de originalidad, supongo.
La posibilidad de trabajar con este material requería de un lugar donde poder cocer las piezas.
Encontré un lugar precioso en el barrio del cabañal en Valencia, donde la ceramista Nela Sanz me abrió las puertas de su taller para abrazar la experimentación contando con su supervisión y conocimientos.
Para poder realizar varias piezas idénticas con la intención de regalarlas se debía crear un molde a partir de una pieza base.
Para ello comenzamos situando una base circular de arcilla sobre un soporte de madera que nos sirvió de plano de trabajo. El siguiente paso fue ir construyendo cilindros de 1cm de espesor y 40cm de largo del mismo barro presionando con las dos manos reiteradamente del mismo modo que el hornero creando rosquilletas.
A través de los sucesivos cilindros se iban formando anillos que iban poco a poco creciendo y generando los laterales de la urna en sentido vertical hasta alcanzar la proporción de 2 a 1, siendo el doble de altura que de base.
Una vez terminado el conjunto debíamos esperar a su secado natural durante aproximadamente una semana. Pasado ese tiempo y endurecida la pieza la colocamos boca abajo y comenzamos a construir un muro de arcilla que nos sirvió de encofrado para verter el yeso y así construir las partes del molde con la superficie original de la urna.
Una vez terminado dicho molde, vertimos una mezcla de pasta líquida de arcilla y esperamos unos minutos a que el yeso absorbiera poco a poco la humedad y fuera dejando en la superficie interior del molde lo que sería nuestra pieza, que adoptará al inicio una textura similar al cuero.
Tras absorber la humedad exacta y estar lista la pieza, se procedió a separar las piezas del molde y dejar secar la pieza. Una vez seca se introdujo en el horno y se coció por primera vez a 1020 grados para crear la pieza cerámica propiamente dicha.
Debido a la necesidad de que las piezas fueran impermeables, se requería una segunda cocción a 980 grados, después de colocar sobre la superficie los esmaltes. Se optó por una mezcla de varios de ellos, uno de color azul con toques de marrón y otro transparente que, en contacto con la composición de la arcilla, reaccionaron en el horno creando nuevas tonalidades ocres y rosas.
El resultado, un descanso, un silencio quizás, eterno.
URNA ZURMAN
Todos y todas sin excepción, estamos destinados irremediablemente a ese cambio de estado físico.
Pese a la incógnita del momento exacto, sentí la necesidad de tener dicha idea presente en el día a día, con la esperanza y la certidumbre de que la vida cobraría un sentido quizás más profundo, más consciente, más duradero.
Prepararse para dicho evento de manera activa, sin consideraciones alejadas de ella y sin lamentaciones, me parecía de gran importancia para valorar nuestro tiempo vital de manera continuada y en su justa medida.
Diseñar el lugar donde pudieran descansar mis restos y el de mis seres más queridos parecía parte del proceso lógico de proceder.
Por higiene, por durabilidad y por falta de originalidad, supongo.
La posibilidad de trabajar con este material requería de un lugar donde poder cocer las piezas.
Encontré un lugar precioso en el barrio del cabañal en Valencia, donde la ceramista Nela Sanz me abrió las puertas de su taller para abrazar la experimentación contando con su supervisión y conocimientos.
Para poder realizar varias piezas idénticas con la intención de regalarlas se debía crear un molde a partir de una pieza base
Para ello comenzamos situando una base circular de arcilla sobre un soporte de madera que nos sirvió de plano de trabajo. El siguiente paso fue ir construyendo cilindros de 1cm de espesor y 40cm de largo del mismo barro presionando con las dos manos reiteradamente del mismo modo que el hornero creando rosquilletas.
A través de los sucesivos cilindros se iban formando anillos que iban poco a poco creciendo y generando los laterales de la urna en sentido vertical hasta alcanzar la proporción de 2 a 1, siendo el doble de altura que de base.
Una vez terminado el conjunto debíamos esperar a su secado natural durante aproximadamente una semana. Pasado ese tiempo y endurecida la pieza la colocamos boca abajo y comenzamos a construir un muro de arcilla que nos sirvió de encofrado para verter el yeso y así construir las partes del molde con la superficie original de la urna.
Una vez terminado dicho molde, vertimos una mezcla de pasta líquida de arcilla y esperamos unos minutos a que el yeso absorbiera poco a poco la humedad y fuera dejando en la superficie interior del molde lo que sería nuestra pieza, que adoptará al inicio una textura similar al cuero.
Tras absorber la humedad exacta y estar lista la pieza, se procedió a separar las piezas del molde y dejar secar la pieza. Una vez seca se introdujo en el horno y se coció por primera vez a 1020 grados para crear la pieza cerámica propiamente dicha.
Debido a la necesidad de que las piezas fueran impermeables, se requería una segunda cocción a 980 grados, después de colocar sobre la superficie los esmaltes. Se optó por una mezcla de varios de ellos, uno de color azul con toques de marrón y otro transparente que, en contacto con la composición de la arcilla, reaccionaron en el horno creando nuevas tonalidades ocres y rosas.
El resultado, un descanso, un silencio quizás, eterno.