BIBLIOTECA
de NIEVE

Trata de imaginar que estás tres días en un lugar perdido entre las montañas de Austria, concretamente en un lugar llamado Kleinwalsertal.

Entre un grupo de estudiantes, tenéis el cometido de construir una pequeña ciudad en una ladera de gran pendiente.

A nuestro grupo de 5 personas nos tocó pensar y construir una pequeña biblioteca.

El material de construcción; la nieve.

El lugar en el que decidimos situar nuestra intervención fue al pie de la ladera, con la intención de alejarnos lo más posible de las demás fuentes de ruido que iban a existir en las demás propuestas, entre las que había una discoteca, un restaurante y un espacio de juegos, entre otros, y tratando así de generar un lugar de sosiego y paz propio de un lugar de lectura.

La siguiente decisión de proyecto fue la de construir cubículos independientes entre sí, pero que estuvieran interconectados entre ellos a través de un espacio de relación, pues entendimos que la lectura es un acto individual y requería de un lugar que diera respuesta a esta premisa.

Una vez consensuadas las primeras decisiones entre los cinco, nos  dispusimos a imaginarnos cómo podríamos construir los diferentes cubículos que iban a formar la biblioteca.

Los materiales que teníamos a nuestra disposición para  trabajar eran; unas palas de nieve y unas cubas de plástico de 80x30x40 cm y por supuesto, nuestro material de construcción; la propia nieve del lugar. 

En un proceso reiterativo y muy exigente físicamente, sacábamos con las palas la nieve de la ladera y llenábamos las cubas una a una.

Prensábamos la nieve con los pies y añadíamos un poco de agua para que adquiriera cierta resistencia extra.

Con estos bloques de nieve de apariencia casi pétrea, le dábamos la vuelta a la cuba y los amontonábamos uno a uno hasta conseguir apilarlos como hacían los antiguos romanos con los grandes bloques de piedra de mármol de Carrara.

Decidimos situar los diferentes cubículos en niveles distintos a través de escaleras cavadas directamente en la nieve y formamos una especie de plaza circular en la cual se daba acceso a los cubículos que estaban situados en el perímetro de la misma.

Buscamos situar los cubículos direccionados hacia las vistas que nos  interesaban, siendo muy conscientes del valor paisajístico del lugar. 

La última noche, organizamos una fiesta de inauguración de todos los proyectos  iluminados con velas y, entre el calor de las luminarias y el frío de la montaña, supimos que aquella experiencia iba a ser difícil de olvidar.

BIBLIOTECA NIEVE

Trata de imaginar que estás tres días en un lugar perdido entre las montañas de Austria, concretamente en un lugar llamado Kleinwalsertal.
Entre un grupo de estudiantes, tenéis el cometido de construir una pequeña ciudad en una ladera de gran pendiente.
A nuestro grupo de 5 personas nos tocó pensar y construir una pequeña biblioteca.
El material de construcción; la nieve.

El lugar en el que decidimos situar nuestra intervención fue al pie de la ladera, con la intención de alejarnos lo más posible de las demás fuentes de ruido que iban a existir en las demás propuestas, entre las que había una discoteca, un restaurante y un espacio de juegos, entre otros, y tratando así de generar un lugar de sosiego y paz propio de un lugar de lectura.

La siguiente decisión de proyecto fue la de construir cubículos independientes entre sí, pero que estuvieran interconectados entre ellos a través de un espacio de relación, pues entendimos que la lectura es un acto individual y requería de un lugar que diera respuesta a esta premisa.

Una vez consensuadas las primeras decisiones entre los cinco, nos  dispusimos a imaginarnos cómo podríamos construir los diferentes cubículos que iban a formar la biblioteca. Los materiales que teníamos a nuestra disposición para  trabajar eran; unas palas de nieve y unas cubas de plástico de 80x30x40 cm y por supuesto, nuestro material de construcción; la propia nieve del lugar.En un proceso reiterativo y muy exigente físicamente, sacábamos con las palas la nieve de la ladera y llenábamos las cubas una a una. Prensábamos la nieve con los pies y añadíamos un poco de agua para que adquiriera cierta resistencia extra. Con estos bloques de nieve de apariencia casi pétrea, le dábamos la vuelta a la cuba y los amontonábamos uno a uno hasta conseguir apilarlos como hacían los antiguos romanos con los grandes bloques de piedra de mármol de Carrara.

Decidimos situar los diferentes cubículos en niveles distintos a través de escaleras cavadas directamente en la nieve y formamos una especie de plaza circular en la cual se daba acceso a los cubículos que estaban situados en el perímetro de la misma.

Buscamos situar los cubículos direccionados hacia las vistas que nos  interesaban, siendo muy conscientes del valor paisajístico del lugar. 

La última noche, organizamos una fiesta de inauguración de todos los proyectos  iluminados con velas y, entre el calor de las luminarias y el frío de la montaña, supimos que aquella experiencia iba a ser difícil de olvidar.